(Publicado en la página 169 de su libro "Adam y el Abuelo - Mensaje para el Mundo")
Silvia Mirta Válori: escritora que nació en la ciudad de Villaguay, provincia de Entre Ríos, Argentina, el 31 de Octubre de 1962.
Se define a sí misma como filósofa e investigadora de las cualidades y carencias de las personas, alentando a los que con ella entablan diálogo a rescatar lo mejor de sí mismos, recurriendo a un profundo autoconocimiento para lograr una realización completa.
Ha salido adelante a pesar de haberse enfrentado con dificultades extremas o crisis, desde que era muy joven, lo que hoy hace que goce de una completa madurez y un profundo sentido ético.
Posee una fuerza espiritual avasalladora y potente. Proclama que ella es permanentemente feliz, porque “la felicidad es un sentimiento que experimentan y comprenden aquellas personas que lo buscan, tal como sucede con todo lo que existe en el Universo”, que le ha llevado más de 20 años pensar así y que lo hace debido a que ha realizado intensas y fructíferas investigaciones con respecto al desarrollo mental, emocional y espiritual, además de lo que ha obtenido con su propia experiencia.
Debido a un accidente automovilístico se desplaza en una silla de ruedas, desde los 23 años, por lesión medular.
Durante los primeros años de su matrimonio residió en Flores, en Mar del Plata, en Junín y en Ituzaingó (Gran Bs As).
Luego del accidente permaneció internada durante un año y ocho meses en el Hospital de Rehabilitación “Manuel Rocca”.
Al retornar a su pueblo, Villa Clara, en Entre Ríos, se dedicó a criar y educar a su pequeño niño y a reintegrarse a la sociedad, pero su ánimo se vio abatido e inmerso en una depresión durante tres años y medio. Cuando se recompuso y superó esta etapa decidió escribir un libro donde contaría lo que le había ocurrido a partir de su casamiento, así como en el accidente y la etapa posterior.
Su hijo Lucas comienza la escuela y Silvia comienza a redactar las primeras hojas del libro... Y lo deja, dedicándose a “pasar el tiempo”, a educar a su chiquillo, y a tomar diversos cursos como: Pintura sobre tela, Comunicación en Medios, Manejo de PC.
Más adelante se dedica a vender ropa y calzados, por lo que, junto con una de sus hermanas, se establece en un local. Adquiere un automóvil y lo conduce con controles manuales, realiza viajes hacia varios lugares turísticos de su país, también adquiere una casa grande y cómoda, hace yoga y da clases de yoga, para lo cual estudia en un instituto de Bs. As. Pero no se siente dichosa, ni siente que está cumpliendo con su Misión en la vida. Entonces, más tarde, también se dedica a la venta de bijouterie, de ropa Hindú, de mercadería importada, de productos de belleza y para control de peso, pero ninguno de sus negocios prospera. Lejos de decaer el ánimo de Silvia se levanta día tras día y se propone averiguar qué es lo que hace que sus negocios fracasen. Para ello se dedica con ahínco a leer todo lo que pueda estar relacionado con el éxito y la prosperidad, ya que ella sostiene firmemente que “los viajes y los libros pueden llegar a ser los mejores maestros”...
Lucas termina la escuela secundaria y se va del pueblo a estudiar a la provincia de Santa Fe, Ingeniería en Informática y Silvia queda sola con su esposo en la casa que le parece más vacía que nunca. En el año 2001, tras continuar con las investigaciones acerca del éxito y de la prosperidad y hacer algunos cursos para aprender a vender con buenos resultados, decide seguir escribiendo su libro, el que había empezado hacía casi catorce años atrás. Y se da cuenta de que esa es su vocación, además de querer servir a las personas de inspiración para levantarse de los infortunios, dando conferencias e instando a que se superen día tras día. En junio de ese año, cuando ya estaba próxima a terminar el libro, tras un análisis de rutina, le diagnostican leucemia promielocítica aguda, una leucemia que compromete la vida del paciente gravemente durante el primer mes, pero luego de éste las estadísticas superan ampliamente el 80% del índice de supervivencia. Sin que ella sepa de la gravedad que implica ese primer mes, el tiempo pasa y aunque la familia se encuentra abatida al principio, Silvia se repone maravillosamente bien. La enfermedad le deja como secuela una cabeza calva, ya que debido al tratamiento con quimioterapia radiante se le caen sus largos cabellos. Pero rescata los resultados positivos de este trance debido a que conoce un equipo de profesionales médicos excelentes y al especial trato que establece con ellos.
Termina de escribir el ejemplar –al que ella llama “mi libro primero” - que tiene por título "Miriams y la silla de ruedas " , se reestablece cada vez más y continúa con el tratamiento para curarse de la leucemia.
Después de leer lo que ella denomina “las veinte obras más importantes, las que todo el mundo debería conocer”, se dedica a escribir otro ejemplar, centrándose esta vez en lo espiritual.
Es por eso que en ella podemos distinguir dos estilos: Uno, el primero, está enfocado desde lo material y el cuerpo físico, el otro, el que ha titulado “Adam y el Abuelo -Mensaje para el Mundo-”, es de estilo humanístico, con algo del mundo material y del espiritual . Promete ser muy interesante y original... quizás lo que todos estamos esperando en un Planeta donde nos han enseñado que lo mejor es lo que se puede comprar y caracterizado por acumular posesiones y pertenencias que no nos conducen a la felicidad tan soñada.
Quizás en eso coincidiremos todos con Silvia, quien sostiene que lo que enseña la filosofía hindú es lo que deberían poner en práctica todos los seres humanos de la Tierra, cuando dice:
“Habrá paz en el mundo cuando la haya en cada individuo que lo compone”...
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